MATH VALUES

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Testimonios: Dr. Selenne Bañuelos (En Español)

Testimonios, a new publication from MAA/AMS, brings together first-person narratives from the vibrant, diverse, and complex Latinx and Hispanic mathematical community. Starting with childhood and family, the authors recount their own particular stories, highlighting their upbringing, education, and career paths. Testimonios seeks to inspire the next generation of Latinx and Hispanic mathematicians by featuring the stories of people like them, holding a mirror up to our own community.

The entire collection of 27 testimonios is available for purchase at the AMS Bookstore. MAA members can access a complimentary e-book in their Member Library. AMS members can access a complimentary e-book at the AMS Bookstore. Thanks to the MAA and AMS, we reproduce one chapter per month on Math Values to better understand and celebrate the diversity of our mathematical community with folks who are not MAA members. The MAA has translated four of these chapters for readers whose primary language is Spanish. We will post one each week during Hispanic Heritage Month. The whole collection is available for download at Testimonios | Mathematical Association of America (maa.org).

Mis padres

Dr. Selenne Bañuelos

Mis padres crecieron en ranchos pequeños de Jalisco, México. Mi padre sólo pudo terminar el segundo año de la escuela primaria, lo justo para aprender a leer y escribir. Es el mayor de la familia y trabajaba con su padre para ayudar a mantener a sus hermanos menores. Empezó a trabajar construyendo carreteras a los 14 años. Mi padre pasaba tanto tiempo cerca de los ingenieros que empezaron a llamarle “metiche”. Recogía cualquier trozo de papel que tuviera cálculos que los ingenieros habían tirado. Aprendió geometría utilizando esos desechos de papel y aún recuerda haber descubierto el Teorema de Pitágoras en ellos. A los diecisiete años, apostó con un ingeniero que podía hacer un tramo de la carretera con sus propios cálculos. Lo hizo de maravilla.

Foto de mi hermano mayor y yo en el 1985.

La abuela materna de mi madre vivía en el pueblo de Mascota, Jalisco, y su abuela paterna vivía en la ciudad de Guadalajara. Mi abuelo materno era bracero1 en California desde los años 50. Estas circunstancias le permitieron a mi madre y a sus hermanos estudiar. Mi madre asistió a un internado para la escuela primaria en Mascota y se quedó con su abuela en el pueblo para la secundaria. Luego se fue a la ciudad para hacer el bachillerato, ya que en ese entonces no había escuela preparatoria en el pueblo. Tenía la esperanza de convertirse en maestra, pero no continuó sus estudios al casarse con mi padre. A suscuarenta años, cuando sus tres hijos ya eran mayores, regreso a estudiar y obtuvo su título de auxiliar de enfermería. Lleva más de una década trabajando para la misma clínica.

Foto de mis dos hermanos y yo en el 2016.

Mi padre quería mudarse a los Estados Unidos para tener mejores oportunidades de trabajo. Vivió un año en California a finales de los 70 antes de volver para casarse con mi madre. Pasaron su luna de miel evitando a los guardias fronterizos mientras cruzaban la frontera entre México y Estados Unidos. Ambos se dedicaron a buscar trabajo apenas llegaron. Mi papá lleva cuarenta años trabajando en la misma empresa de equipos de apoyo terrestre para industrias aéreas. Comenzó como conserje, y gracias a sus ganas de superarse, su deseo por aprender y su perseverancia, pasó a ser preparador de materiales, soldador, jefe de taller, inspector de calidad y jefe de producción. Mi mamá trabajaba tiempo completo en la línea de montaje de fábricas de electrónicos antes de que naciera mi hermano menor. Nuestros padres se iban a trabajar a las 4:00 de la mañana todos los días y nos dejaban a mi hermano mayor y a mí al cuidado de uno de nuestros vecinos. Vivíamos en un dúplex, así que compartíamos la pared con una familia maravillosa a la que todavía queremos mucho. Todas las mañanas, nuestros padres nos llevaban a mi hermano mayor y a mí a la sala cuando se iban a trabajar. Mi mamá le dejaba una bota grande a mi hermano mayor para que la lanzara contra la pared si necesitábamos llamar a nuestro vecino antes de las 7 de la mañana.

Crecimos pobres en una casa de 900 pies cuadrados, pero teníamos otros privilegios maravillosos como un gran patio, amigos con los que nos criamos, una biblioteca pública al final de nuestra calle, libros en casa y un sistema de apoyo con nuestra familia extendida. Nuestros padres siempre hicieron hincapié en la importancia de la educación como camino hacia el éxito. Nos compraron una enciclopedia infantil que incluía un libro sobre “El mundo y el espacio”. A los nueve años leí sobre la teoría del Big Bang y recuerdo que me pregunté si la explosión que sentí en mi cabeza mientras leía era similar a la del Big Bang. Esa explosión fue el comienzo de todo un nuevo universo de aprendizaje en las ciencias para mí.

Los primeros años

Foto mía en cuarto año en 1994.

Foto mía en la secundaria en 1999.

Crecí en el concurrido barrio de Boyle Heights, en Los Ángeles, lleno de colores alegres, música en español que salía de las tiendas y el olor de los puestos de tacos. Estos colores, sonidos y olores no podían ocultar la falta de atención que padecía nuestra comunidad. Según un perfil de Boyle Heights en Los Angeles Times basado en el censo del 2000, sólo el 5% de los residentes mayores de 25 años tenían un título universitario.2 Boyle Heights es también un distrito redlined3 que luego fue destruido para construir todas las autopistas que lo atraviesan.4 Yo crecí en un hogar que está enfrente del cruce de las autopistas 60, 5, 10 y 101. Nuestro sistema de escuelas públicas también carecía de recursos. El bachillerato público a la que fui asignada, Roosevelt High School, era la segunda escuela con mayor número de estudiantes del país en ese momento. Además, a violencia de las pandillas era un gran problema para la juventud. Crecer en este ambiente era difícil.

Por suerte, cuando nació nuestro hermano menor, mi mamá empezó a trabajar independientemente como representante de ventas, lo que le permitió estar más presente en nuestras vidas y nos tenía con la cuerda bien cortita.5 Además de asegurarse de que estuviéramos a salvo, mi mamá tuvo que aprender a interceder por nosotros como estudiantes. Ella le cuenta a nuestra familia que a mí siempre me gustó la escuela. Como estudiante de primer año, yo siempre era la primera en llegar a casa y hacer la tarea, y la primera en despertar a todos en la mañana para ir a la escuela. Así que, cuando empecé a llorar en las mañana diciendo que no quería ir a la escuela, mi madre sabía que algo andaba mal. Ella decidió llevarme a la escuela, caminó alrededor del edificio, y observó nuestra clase a través de la ventana. Ella vió que a un pequeño grupo de estudiantes y yo nos ubicaban en la parte de atrás del aula y nos ignoraban durante la mayor parte de la clase. Por supuesto, ella me vio llorando en clase. Mi mamá entró a la oficina y regañó a la directora. El resto de mi tiempo en esta escuela fue mucho mejor. Sobresalí en mis clases y me ofrecieron si quería saltarme el tercer grado. Mi familia y yo decidimos no hacerlo.

La escuela secundaria6. Durante mi quinto grado, vivimos en México durante un año para que mis hermanos y yo pudiéramos ir a la escuela ahí y mejoráramos nuestro español. Al regresar, estaba lista para inscribirme en la escuela secundaria pública de la zona para cursar el sexto grado. Hablé con el consejero de la escuela que quería que tomara exclusivamente cursos básicos. Él no sabía que en quinto grado en México, hacíamos lo que los de séptimo grado hacen aquí. Saqué la luchadora chicana que llevo dentro de míla misma que sentí al ver Stand and Deliver cuando era niña—y le dije a este consejero que estaría perdiendo mi tiempo. Le dije que tomaría esas clases durante un semestre y que lo visitaría de nuevo al final del semestre y tendría que colocarme en los cursos correctos. Mis cursos fueron cambiados después del primer semestre, pero nunca me informaron de los programas Magnet o de Honores mientras asistí a esta escuela secundaria. La falta de expectativas académicas que tenían de nosotros como estudiantes era evidente. Sentí que lo único que le importaba a esta escuela era asegurarse de que sobreviviéramos. Recuerdo que me sentí muy molesta durante una supuesta charla de motivación por parte de una visitante en una de mis clases. Nos habló de todas las estadísticas que afrontaba nuestra comunidad, como cuántos de nosotros moriríamos a causa de la violencia entre pandillas y cuántas de nosotras, las chicas, estaríamos embarazadas antes de terminar la escuela secundaria. Luego preguntó quién quería ir a la universidad y yo la corregí diciendo que estaba haciendo la pregunta equivocada. ¿Por qué no preguntarnos a qué universidad queríamos ir? Incluso a la temprana edad de catorce años recuerdo haberme dicho a mí misma: “esto es la opresión”. La absoluta falta de expectativas de que nosotros, estudiantes Chicanxs de Boyle Heights y del este de Los Ángeles, llegáramos a ser alguien en la vida.

Afortunadamente, tuve el placer de conocer al Sr. Mitchell. Fue mi profesor de matemáticas durante el otoño de mi octavo grado. El Sr. Mitchell me ayudó a solidificar mi amor por las matemáticas y me animó a solicitar inscripción en un internado para cursar el bachillerato. Me dijo que necesitaba sobrevivir el este de Los Ángeles y esperaba que asistiendo a un internado me pudiera abrir un camino hacia la universidad. Solicité admisión en un internado del sur de California y me invitaron para entrevistarme. Mi madre, mi mejor amiga y yo viajamos a la entrevista en el destartalado Honda Civic hatchback 1981 de mi madre, al que llamábamos Paco. Mi amiga y yo nos reíamos caminando hacia el edificio de admisiones mirando el coche de mi madre estacionado entre los lujosos BMW, Lincoln y Jaguars. Y mientras nos reíamos, mi madre nos dijo que estábamos hiriendo los sentimientos de Paco y que no estaría contento. Fue un momento divertido, pero rápidamente me ayudó a darme cuenta que no pertenecía a ese lugar. Después de un día entero de entrevistas y recorridos, finalmente nos dirigimos a casa. Resultó que los sentimientos de Paco estaban definitivamente heridos. ¡El vengativo coche no quería encenderse! Para poner la cereza encima del pastel a lo que parecía un día vergonzoso, mi amiga y yo tuvimos que empujar el coche cuesta abajo para que mi madre pudiera arrancarlo. Nos quedamos estancadas en la parte de abajo de la subida y un empleado del internado nos ayudó a arrancar el coche de nuevo.

Yo en mi uniforme de atletismo.

Foto de mi madre y yo en la misa de mi último año de bachillerato en el 2003.

El bachillerato. Asistí a un colegio católico sólo para chicas en el que se graduaban entre 80 y 100 estudiantes al año. Esta escuela no tenía muchos recursos, pero fue la época en la que me sentí más empoderada. Persistí a través de desafíos familiares en casa. Intentaba estudiar en una casa de 900 pies cuadrados en la que vivían siete personas. Durante la mayor parte de mi infancia, teníamos al menos dos familiares adultos de México que se quedaban en nuestra casa mientras trabajaban. Algunos dormían en el suelo de la sala y la luz les impedía dormir. Yo terminaba estudiando en el baño. Más que nunca, en ese entonces, tenía aspiraciones de ir a la universidad, y me dediqué a mis estudios. Participé en el consejo estudiantil, trabajé como voluntaria en el hospital médico del condado de Los Ángeles, era parte del equipo de atletismo y cross-country, y fui homenajeada como letterwoman7. Todos los alumnos de primer año tomaban Álgebra I. A finales del semestre de primavera nos informaron que la escuela quería ofrecer el primer curso de Cálculo(AP Calculus). Los que quisiéramos aprovechar esta oportunidad tendríamos que cursar Geometría en el verano, para poder pasar a Álgebra II en el segundo año, Trigonometría y Precálculo en el tercer año, y terminar con Cálculo en el último año. Alrededor de treinta mujeres se apuntaron a este reto. Algunos de los momentos más memorables de mi bachillerato son estudiando Cálculo con mis compañeras en mi casa, usando el espejo de la habitación de mis padres como pizarrón. Estos momentos me ayudaron a establecer mi objetivo de convertirme en profesora de matemáticas.

Quería empoderar a los estudiantes de mi comunidad a través de las matemáticas. Desafortunadamente, navegar el proceso de solicitudes universitarias era una noción muy lejana ya que nadie en mi familia había asistido a una universidad. La primera vez que pisé un campus universitario fue a través de un programa realizado por Loyola Marymount University. Se trataba de un programa de verano de dos semanas en el campus para estudiantes de último año de bachillerato pertenecientes a grupos marginalizados, elegidos por su fuerte interés y aptitud para las matemáticas y las ciencias. Este programa me ayudó a sentirme segura de mí misma como estudiante. Envíe mi solicitud para la universidad en mi último año de bachillerato y fui admitida a University of California, Santa Barbara (UCSB).

Educación superior

Foto del grupo de SMI en Cornell durante el verano del 2006.

Licenciatura. Me encantó mi tiempo en UCSB. Sin duda, fue un gran cambio con respecto a mi bachillerato: el bajo número de estudiantes de las clases que disfrutaba en el bachillerato contrastaba con la clase de Cálculo II de más de 300 estudiantes que tomé en mi primer trimestre. Sin embargo, el tamaño de las clases no fue el único problema al que me enfrenté. No sólo era una de las pocas estudiantes chicanas en mis cursos de STEM8, sino que constantemente me sentía subestimada y desapercibida. Después de mi primer trimestre en UCSB, hablé con un compañero que me preguntó cuáles eran mis calificaciones de ese trimestre. Él se sorprendió mucho de que yo obtuviera un promedio más alto que él o de que me fuera mejor en Cálculo II que a él. Le dije: “Por supuesto que sí; soy mujer”. No sabía que por ser mujer o por ser mexicana-americana no debía ser buena en matemáticas. Este prejuicio no existía en mi bachillerato. Todas éramos mujeres, la mayoría latinas, y nos iba muy bien. Luego, ese mismo año escolar, después de obtener la puntuación más alta en un examen de Ecuaciones Diferenciales Ordinarias, un estudiante de la facultad de estudios creativos afirmó que él hubiera obtenido la puntuación más alta si le hubiese importado más su calificación. Hay muchas “pequeñas’’ historias como ésta durante mi tiempo como estudiante de matemáticas. Empezaron a sentirse más pesadas a medida que pasaba el tiempo, pero una vez que formé un fuerte vínculo con otros estudiantes de matemáticas, aprendí a ignorar esas microagresiones.

Foto del Dr. Millett y yo en la conferencia SACNAS en el 2014.

Fui a UCSB con la intención de obtener un título de matemáticas para poder volver a enseñar en mi vecindario. Sin embargo, durante mi primer año, un profesor, el Dr. Kenneth Millett, vio mi potencial y me sugirió muchas veces que continuara mis estudios. Yo le decía que de ninguna manera iba a obtener un doctorado; mis planes eran convertirme en una influyente profesora de matemáticas. En realidad, discutíamos bastante sobre esto. A él le preocupaba que yo no me permitiera considerar un título de doctorado como una posibilidad, pero a mí me preocupaba no tener un lugar en ese mundo. En aquel momento, estaba teniendo una crisis de identidad. Mi vida familiar—el lado musical, vibrante y que bebía tequila—parecía chocar con lo que yo percibía que era el mundo de las matemáticas. También miré dentro del departamento de matemáticas y no vi a ninguna mujer con tenure/tenure track9 ni a ningún latinx nacido en Estados Unidos. Me pregunté: ¿qué importa si obtengo este título si no hay lugar para mí aquí? El Dr. Millett comprendió mi punto de vista y me dijo que yo podía ayudar a cambiar esta situación. Dr. Millett también me dijo algo que yo ahora les digo a mis estudiantes. “No importa cuáles sean tus planes, no hay razón para cerrar puertas a programas u oportunidades que se te presenten en el camino; nunca sabes lo que descubrirás de ti mismo”.

Fiesta de pancakes en la casa del Dr. Stopple para estudiantes de matemática que se graduaban (Dr. Stopple es la tercer persona empezando por la derecha).

Seguí el consejo del Dr. Millett tomando un curso de posgrado y, con su ayuda y la del Dr. Jeffrey Stopple, asistí a la conferencia para mujeres universitarias en matemáticas en University of Nebraska, Lincoln. Los profesores Stopple y Millett consiguieron despertar mi interés. Durante la conferencia, me interesé por la investigación en matemáticas aplicadas tras escuchar a muchas mujeres de mi edad dar presentaciones sobre el trabajo que habían realizado en programas de investigación de verano. Decidí entonces solicitar admisión en un Research Experience for Undergraduates (REU)10 para asistir ese verano y, afortunadamente, fui aceptada en el Summer Math Institute (SMI) en Cornell. SMI era un programa intenso de ocho semanas diseñado para ayudar a preparar a los participantes para el rigor de la escuela de posgrado al tener un curso de análisis real y un proyecto de investigación. Consumía matemáticas desde las 8:00 de la mañana hasta medianoche todos los días y me encantaba. Este programa también me ayudó a darme cuenta de que tenía la resiliencia que exige un programa de posgrado.

Foto de mis padres y yo en mi graduación de licenciatura en UCBS (2007).

Yo en mi ceremonia de graduación del doctorado en el 2013.

Nunca olvidaré regresar a UCSB ese otoño y la conversación con el Dr. Millett. Me preguntó, “¿Y bien?” Le dije: “Estoy pensando en solicitar ingreso en una escuela de posgrado”. Él sonrió y asintió con la cabeza. Hasta el día de hoy puedo verlo dándose palmadas en la espalda. Sin embargo, todavía me preguntaba si pertenecía. Ahí es donde la organización Society for the Advancement of Chicanos and Native Americans in Science (SACNAS) 11 tuvo un impacto duradero. Los mentores de investigación de SMI enviaron la solicitud para que asistiéramos a la conferencia de SACNAS ese octubre. En octubre de 2006, el otoño de mi último año en UCSB, asistí a mi primera conferencia nacional anual de SACNAS. Fue una experiencia que cambió mi vida. Entré a una sala con 3000 científicos, académicos y profesionales que se parecían a mí y que habían vivido luchas similares a las mías. SACNAS me dio el empujón que necesitaba. Asistí a todas las sesiones de desarrollo profesional dirigidas a los estudiantes que solicitaban el ingreso a una escuela de posgrado. Aprendí sobre el proceso de solicitud y qué cosas hay que buscar en un programa. Asistir a esta conferencia me ayudó a tomar la decisión de solicitar ingreso a programas de posgrado. Sabía que había formado una familia académica, que me apoyaría y me guiaría en este camino.

Foto de mi familia en Yosemite en el 2018.

Educación de posgrado. Tuve la suerte de que me aceptaran en varios programas de posgrado y decidí asistir a University of Southern California en Los Ángeles. Mis primeros años como estudiante de posgrado fueron los más difíciles de mi carrera. Sentí que se había cometido un error al admitirme y que el programa no estaba preparado para una estudiante como yo. Tuve el honor de recibir una beca del Provost 12 que financiaba mis estudios de posgrado e incluía una reducción en mi carga de docencia. Sin embargo, lo que más necesitaba era mentoría y una red de apoyo. En un grupo de 20 estudiantes, sólo éramos cuatro los que habíamos sido admitidos con una licenciatura de una institución de enseñanza superior de los Estados Unidos. El resto de los alumnos eran estudiantes con maestrías o estudiantes internacionales. La mayoría de los estudiantes estaban más avanzados que yo, a pesar de que yo había tomado un curso de posgrado y había realizado investigación como estudiante de licenciatura. Esto hizo que fuera muy difícil encontrar un grupo de estudiantes para trabajar durante mi primer año. Todos los días me cuestionaba mi futuro en el programa. Afortunadamente, completé los cursos y los exámenes de candidatura. Al mismo tiempo, había formado una red de apoyo fuera del departamento con estudiantes Latinx de posgrado en programas de STEM. Formamos el primer grupo de SACNAS en USC. Mientras trabajaba en mi investigación, también me sentía bastante aislada. Mi asesor era el único tenured professor que trabajaba en esta área de investigación, y yo era su única estudiante de posgrado. No había seminarios que pudiera crear con mis compañeros para ayudarnos a avanzar mutuamente en nuestro trabajo.

Fui asistente de profesor desde mi tercer hasta el sexto año. De esta experiencia aprendí que realmente me gusta enseñar. Recibí el Denis Ray Estes Graduate Teaching Prize del Departamento de Matemáticas y fui la única candidata del departamento para el University Outstanding TA Award.

Durante mi cuarto año del programa, me casé con mi marido, Raúl, y dimos la bienvenida a nuestro hijo un año después. Nos apoyamos mutuamente en nuestro nuevo rol depadres, y él me animó de manera increíble mientras continuaba mis estudios. Ahora tenía una motivación aún más fuerte para completar mi doctorado y continuar mi carrera como educadora. Poco después de la graduación, nos enteramos de que estábamos esperando nuestro segundo bebé. Sentí que era demasiado mudarme en ese momento y recibí el apoyo del departamento de matemáticas de USC, con un puesto de Lecturer13 durante un año. Posteriormente viajé con mi hija de cuatro semanas de edad por todo el país para entrevistas de trabajo. Estoy muy agradecida con las instituciones que adaptaron su horario para mi hija y yo.

Algunos consejos para estudiantes sobre la escuela de posgrado. Sabía que la escuela de posgrado iba a ser muy difícil, y sentía que tener a mi familia cerca sería importante. Sin embargo, no importó que mis padres estuvieran a sólo un par de horas de distancia en carro. Todo lo que podían hacer cuando estaba estresada y pensaba en renunciar (ocurría todos los días), era decir “todo saldrá bien, mija”.14 Podrían haberlo hecho por teléfono. Aconsejo a los estudiantes a que piensen en que es más importante, si la ubicación de la universidad o un programa que intencionalmente apoye a sus estudiantes de posgrado, que se preocupe por aprender quiénes son sus estudiantes y que genere oportunidades para su desarrollo profesional mientras obtienen su título.

De izquierda a derecha: Pamela Pyzza, Alicia Prieto-Langarica, Janet Best, Shelby Wilson, Gemma Huguet, y yo en Institute for Mathematics and its Applications en el 2013.

La investigación que se lleva a cabo durante el doctorado no es limitante. Soy una de muchos profesionales que han cambiado el enfoque de su investigación desde su tesis doctoral. Hay algunas intersecciones, pero la mayor parte de la investigación que he llevado a cabo en los últimos seis años no está relacionada con el trabajo que realicé como estudiante de doctorado.

Actualidad

Investigación. Mi investigación se enfoca en el campo de las ecuaciones diferenciales y de diferencia, los sistemas dinámicos y sus aplicaciones en la biología matemática. Me interesa la intuición que las matemáticas proveen sobre los comportamientos biológicos y viceversa. He tenido el privilegio de trabajar con biólogos que expresan cómo les gusta que las matemáticas informen su trabajo.

Me considero increíblemente afortunada de haber participado en el grupo de investigación Women in Applied Mathematics, que fue organizado por el Institute for Mathematics and its Applications (IMA) de University of Minnesota el verano en el que terminé mi doctorado. Junto a un grupo de seis mujeres biólogas matemáticas y modeladoras matemáticas investigamos los efectos de la termorregulación en el sueño. El sueño humano se divide en dos etapas fisiológicamente diferentes: el sueño de movimientos oculares rápidos (REM en inglés) y el sueño sin movimientos oculares rápidos (NREM en inglés). El sueño NREM es un estado de baja actividad cerebral que incluye el sueño profundo de ondas lentas. La fase REM es la etapa en la que tenemos nuestros sueños más vívidos y nuestro metabolismo cerebral es tan alto como cuando estamos despiertos. Sin embargo, la fase REM se distingue de la fase NREM y de estar despierto por la ausencia de tonicidad muscular y la suspensión de la termorregulación. En nuestro trabajo desarrollamos un modelo de la dinámica REM y NREM con ciclos de sueño/vigilia basándonos en modelos neurofisiológicos recientes y respondemos preguntas relacionadas con la temperatura ambiental y el sueño humano. Estoy especialmente agradecida por las amistades que se han formado con las doctoras Shelby Wilson, Alicia Prieto-Langarica, Pamela Pyzza, Gemma Huguet y Janet Best. El apoyo y el compañerismo de este grupo ha sido esencial para mi éxito.

Otro proyecto en el que participé es en el área de la epidemiología matemática. El Zika es una enfermedad transmitida por vectores similares al dengue o al chikungunya; sin embargo, debido a la posibilidad de transmisión sexual, los modelos existentes no son aplicables. Creamos un modelo de la propagación del Zika que utilizamos para determinar el número de reproducción básico con y sin el efecto de la transmisión sexual; estimamos los parámetros desconocidos utilizando Latin Hypercube Sampling y analizamos la sensibilidad de los parámetros. También implementamos una versión sencilla de control utilizando la bacteria Wolbachia, cuyo análisis se llevó a cabo con el objetivo de minimizar el número de reproducción básico. Este trabajo fue apoyado por dos minigrants de colaboración de SACNAS y también dirigí a dos estudiantes de maestría en su tesis relacionada con este proyecto.

Fui asesora de un grupo de siete estudiantes de licenciatura en un proyecto de investigación junto con la Dra. Cynthia Flores durante el año académico del 2016–2017. El proyecto de investigación exploraba la dinámica de los tipos de votantes utilizando un enfoque de epidemiología matemática. Guiar a este grupo de estudiantes de licenciatura solidificó mi conocimiento de la modelación de la propagación de enfermedades, lo que enefició nuestra investigación sobre el virus del Zika. Aprendí cómo guiar futuros estudiantes de investigación en proyectos de epidemiología.

Reflexiones finales

Durante mucho tiempo creí que todo lo que necesitaban los estudiantes de primera generación, latinxs o de bajos ingresos eran oportunidades y ganas. Pero, después de años de reflexionar sobre mi educación y mi trayectoria profesional, me di cuenta que muchas cosas tuvieron que alinearse para que yo llegara a donde estoy. Haber crecido en Boyle Heights, pudo implicar haber estado en el lugar equivocado en el momento equivocado, como lo estuvieron algunos de mis amigos. También me pregunto, ¿qué hubiera pasado si el Dr. Millett o el Dr. Stopple no se hubieran interesado en mi futuro? Podría haber solo obtenido mi licenciatura sin saber que era capaz de mucho más. ¿Cuántos estudiantes no tienen un Dr. Millett o un Dr. Stopple? En mi opinión, los departamentos de STEM en educación superior deberían tener sistemas para que los estudiantes reciban asesoramiento, de modo que ese trabajo no caiga sólo en unos pocos profesores.

A menudo me preguntan los estudiantes cómo me liberé del síndrome del impostor. Mi respuesta es siempre la misma: no lo he hecho. Le hice la misma pregunta a una mentora mía que admiro mucho. Me sorprendió mucho escuchar que ella se sigue sintiendo así. Me quedé atónita. Aquí estaba esta magnífica líder, increíblemente trabajadora, mentora en equidad diciendo que ella no se había librado de ello. Tuve una mezcla de emociones por su respuesta tan sincera. Primero me sentí triste al pensar que siempre sentiré que no pertenezco o que mi trabajo nunca será suficiente. Pero tras una larga conversación con ella, aprendí a canalizar esta emoción y me sentí empoderada. Puede que el síndrome del impostor no se detenga, pero tampoco he dejado que me detenga.

Algunos de ustedes también recibirán comentarios insinuando que no se han ganado su posición debido a su identidad étnica o a su género. Aquí hay dos respuestas para estos comentarios: 1) He tenido la fortuna de obtener diferentes opciones para poder elegir los puestos a lo largo de mi carrera. Sabía que obtendría un trabajo en algún lugar y siempre habrá al menos una persona en cada sitio que piense de esta manera. 2) Si operamos bajo la suposición de que fui contratada porque soy una mujer mexicana-americana en matemáticas, no es la razón por la que me he ganado la retención cada año. Mi docencia, investigación, servicio y mi visión del apoyo a estudiantes que carecen representación como una parte esencial de mi carrera, si son las razones.

1 Un trabajador mexicano al que le permiten entrar a Estados Unidos por un tiempo limitado para trabajar temporalmente en la agricultura.

2 maps.latimes.com/neighborhoods/neighborhood/boyle-heights/

3 En los Estados Unidos, redlining (esp. “línea roja”es la negación sistemática de varios servicios por agencias del gobierno federal, gobiernos locales, y el sector privado, o directamente o a través del aumento selectivo de precios.

4 tinyurl.com/rdong9u; https://tinyurl.com/y5v58z3z

5 Nos vigilaba muy de cerca

6 Secundaria en México es el equivalente a los años séptimo, octavo y noveno en Estados Unidos.

7 En el bachillerato en Estados Unidos, una “letterwoman” es una estudiante que ha sido exitosa en algún equipo deportivo.

8 Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas por sus siglas en Inglés.

9 Contrato académico de tiempo completo. Una vez obtenido tenure el contrato es indefinido o permanente.

10 Experiencia de Investigación para estudiantes de Licenciatura por sus siglas en Inglés.

11 Sociedad para el avance de Chicanos, Nativo Americanos en Ciencias, SACNAS por sus siglas en Inglés.

12 Vice-Rector

13 Lecturer se refiere a una posición dedicada exclusivamente a la enseñanza a nivel universitario.

14 Mi hija.